Cuando hablamos de sexo lo primero que nos viene a la cabeza es estar en la cama con otra persona. Sin embargo, muchas personas tienen ese deseo sexual de estar con más de una persona en alguna de sus relaciones sexuales. La pregunta es, ¿por qué cuando hablamos de sexo no nos lo imaginamos tal y como es nuestro deseo sexual?
La respuesta es sencilla: Vivimos en una sociedad, lo que implica que somos influenciados unos por otros, normalmente por la mayoría de las ideas o creencias comunes de esa sociedad. En este caso, podríamos decir que la idea implantada que tiene la sociedad desde hace siglos sobre lo que implica una relación sexual, es lo que nos envía ese primer pensamiento “tradicional” a la cabeza.
Esto no quiere decir que esa primera imagen esté mal, pero en algunos casos no refleja realmente lo que el sexo es como tal para ciertas personas. Si nos ponemos a analizar nuestros gustos en el sexo, ¿dirías que son tradicionales o curiosos? En una encuesta al azar hecha por Instagram, verifiqué como el 84% de los participantes indicaban que les gustaba curiosear, probar nuevas cosas y descubrir nuevos gustos. Sin embargo, cuando probé a realizar la encuesta sin anonimatos, apenas hubo referencias al tema. ¿Por qué razón nos escondemos ante los demás con un tema tan común como el sexo?
En este caso podríamos hablar de los tabúes que hay en la sociedad pero eso lo dejamos para la semana que viene.
"El sexo forma parte de la naturaleza. Y yo me llevo de maravilla con la naturaleza." - Marilyn Monroe
miércoles, 15 de febrero de 2023
miércoles, 11 de diciembre de 2019
Las puertas con pestillo
¿Sabéis eso de “vamos a ver una peli” o “vamos a echarnos un rato”; esas excusas baratas que usábamos cuando queríamos meter a alguien en casa, donde poder tener algo de intimidad? Claro que esto solo lo usaban los valientes.
Por otro lado, estaban los de “mis padres no están hoy en casa”, o los de ”ya están dormidos”.
A alguno se le ocurrió en algún momento decirles: “Papá, Mamá, voy a traer a X a casa para poder tener un poco de intímidad y estar cómodos en mi cama, que en la calle hace frío y el coche es muy incómodo”. Ni siquiera preguntaré por qué. La razón es la de siempre: vergüenza. Pero aquí se esconde algo más y esta vez no corre de nuestra cuenta. Si les dijéramos eso a nuestros padres la mayoría se quedarían asombrados, algunos simplemente dirían que no, otros castigarían la valentía de decirlo, y puede que una pequeña parte del porcentaje dijera que sí. Pero sobre todo, el problema estaría en el respeto.
Esa “petición” (por llamarlo de alguna manera), la considerarían una falta de respeto. ¿Cómo va a llevar su pequeña hija a alguien a casa para hacer eso de lo que jamás quiero saber sobre ella? O, ¿cómo va su hijo a llevar a alguien a casa con lo bueno que es él, que le gusta mucho hacer planes fuera?
Pues no debería ser así. Mi padre, que es gruero y alguna que otra vez ha ido a recoger algún coche al monte, el cual estaba atascado en el barro, por el hecho de tener un sitio con la pareja donde poder intimar, me dijo en su día: “ Cariño, prefiero que vengas a casa y hagas lo que tengas que hacer (intentando que no esté yo), a que pases frío en un coche, te quedes tirada, vayas a cualquier otro sitio donde no te sientas cómoda o incluso que lo hagas en la calle. ¿Dónde vas a estar mejor que en casa? Yo me sentiré más seguro.”
Mi padre no pretendía decirme que fuese cada día a casa con mi pareja, ni que cada vez que fuese lo hiciera en mi habitación. Lo que pretendió fue hacerme ver que no quería que yo me viese envuelta en situaciones desagradables como las que él se había encontrado alguna vez. No quería que su pequeña hija experimentase la cosa más natural del mundo de manera abrupta y en condiciones poco favorables.
Claro que eso no impidió que me terminase pasando. Sin embargo, si que me facilitço muchos días en los que quedaba con mi novio y queríamos estar en un sitio caliente y tranquilos, como en el sofá de mi casa viendo la tele. Hubo días en los que mi padre nos acompañó sentado en el sofá de al lado, hubo otros que no. Pero el hecho es que yo pude tener ese lugar cómodo que todos buscamos ya sea para estar un rato o hacer algo.
Con todo esto no quiero decir que los padres deban permitir a sus hijos llevar a las parejas a casa para intimar. Cada uno manda en su casa y decide qué es lo que ve bien y qué no. Pero sí que me gustaría que reflexionasen un poco. Que en vez de pensar que es un tema en el que su función principal debe ser atrasar cuanto más el que sus hijos/hijas lo experimenten; o que piensen que por darles la opción de ir les facilitan el hecho de hacerlo; sean capaces de pensar que si sus hijos/hijas quieren, lo harán tanto en casa como en cualquier otro lugar; y qué quizá, ya que no van a poder impedirlo, podrían ayudarles no poniéndoles más obstáculos y barreras.
Que tu hijo/hija lleve a su pareja a casa, no implica que vaya a pasar nada, tampoco quiere decir que no, pero eso es lo de menos. Cualquier padre o madre que quiera lo mejor para su hijo, sabrá que en invierno en la calle se pasa frío, y que quizá un día a la semana, puede llevar a su pareja a ver una película a casa, o merendar, o lo que sea que le apetezca. Siempre hay excepciones y eso lo sé, depende siempre de cada caso.
La conclusión de esto es que si en cada casa se hablase de ello, se intentase comprender ambos lados del tablero y si se cediese por ambas partes. Quizá este tipo de temas no tendría tanta repercusión en el aspecto sexual, en no hablarlo y ni siquiera atreverse a preguntar. Quizá al poder hablarlo, incluso si la respuesta sigue siendo siempre no, podamos deshacernos de los pestillos en las puertas.
lunes, 2 de diciembre de 2019
¿El sexo sin amor es mejor que el amor sin sexo?
La gente siempre responde que prefiere ser querida a tener una larga lista de polvos de la que luego no recordará ni la mitad. Sin embargo,¿ no es el sexo lo que precisamente nos hace perder ese amor que tanto anhelamos a las noches? Y si, me refiero a ser infiel.
Si tan claro tenemos que el amor siempre vale más que el sexo, ¿por qué somos tan estúpidos de perderlo por ese polvo que sólo amplía una lista mental con la que nunca se nos quita el sueño? Incomprensible.
Claro que el sexo importa, es uno de nuestros instintos más primitivos pero, ¿acaso no puedes tenerlo con esa persona también? O bueno, los excuseros dirían que es que no es follar, es “hacer el amor”. Pues no, el amor no se hace, se demuestra porque se siente, nada tiene que ver con nuestros aparatos sexuales. Puedes llamarlo como quieras, pero siempre será lo mismo. Tal como William Shakespeare escribió en Romeo Y Julieta: “Lo que llamamos rosa olería tan fragante con cualquier otro nombre”.
Partamos de una idea no muy común pero con mucho sentido. El deseo sexual no es compatible con el amor. El deseo, según la RAE, es un movimiento afectivo hacia algo que se apetece; y el amor es un sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear. Sinceramente discrepo con ambas así que os daré las mías propias.
El deseo sexual son esas ganas sexuales que tenemos respecto a otras personas. El amor es aquello que sentimos tanto con nuestro cuerpo como con nuestra alma a otra -otras en algunos casos- persona. Lo único que tienen en común es que ambos deben involucrar a otras personas, pero en el deseo sexual el amor no tiene nada que ver; sin embargo, dentro del amor si que hay un hueco para el deseo.
¿A dónde quiero llegar? Pues quiero decir que no es ningún delito mostrar deseo sexual por otras personas, es más, incluso me atrevería a revelaros que es totalmente normal. y que si no os ha pasado aún, os pasará. Teniendo pareja o no, sucede. Porque el tener pareja no anula nuestro campo sensorial, el que alguien se enamore no hace que se quede ciego y solo se fije en esa persona, la vida no es como los cuentos de hadas. Los humanos nos fijamos en otros humanos, tal como los elefantes se fijan en otras elefantas.
Yo teniendo pareja puedo fijarme en otros chicos, y no quiere decir que deje de quererle o que le vaya a engañar o cualquiera de las otras cosas que la gente suele pensar. Al igual que si mi pareja mira a otra chica, no quiere decir que yo ya no le guste o que prefiera estar con otra. Yo puedo tener deseo por otra persona, porque tengo mis gustos, y puedo sentirme atraída por todos los chicos que se asemejen a ellos. Sin embargo, eso no quiere decir que vaya a ser infiel.
Por otro lado, el hecho de que tengamos deseo sexual por otras personas jamás debe ser una excusa para ser infiel. No vale eso de “es que no me he podido resistir, pero es normal porque tenemos deseos sexuales”. Una cosa es tener deseos, y otra decidir elegir eso al amor. Es como mezclar agua con aceite, por mucho que se intente, no se puede.
Es por ello que si alguien tiene claro que quiere una relación sentimental, debe saber que el deseo sexual está ahí pero que no por ello se puede ser infiel; además de que tu pareja ya te creará ese deseo también. Y si hay alguien que tenga claro que quiere mantener una relación -o relaciones- puramente sexual, que no se meta en una sentimental porque no le será suficiente; y no hemos venido a este mundo para generar dolor a otros. Cada uno puede hacer lo que quiera, claramente, pero si sabemos diferenciar las cosas y, sobretodo, si sabemos lo que queremos cada uno, nos podrá ir bien tanto en el amor como en el sexo.
Por ende, no hay nada de la malo en desear a otros, ni en no hacerlo. Lo que puede estar mal son las acciones que se lleven a cabo por ello. Cosa que dependiendo de lo que se acuerde en la relación sentimental, tampoco siempre está mal. Pero de eso ya hablaremos en otro momento.
P.D.: Otro aspecto fundamental de la cuestión es el hecho del amor propio. Pero, en vez de hablaros yo de ello, os animo a que leáis el texto Haz el amor no el sexo de Blanca Gómez Sánchez, en la edición de diciembre de la revista GLAMOUR. Además, en la página web tenéis una sección llamada Amor y Sexo.
La masturbación: ser feliz te lleva unos minutos
Supongo que el título os habrá sorprendido, pero antes de nada he de aclarar que no, no hablaré de cómo es la masturbación ni daré detalles de ningún tipo. Tal y como vengo haciendo con los demás post de mi blog, solamente haré una crítica social respecto al tema. Si consideráis interesante mi punto de vista podéis decirlo, si no es el caso podréis compartir vuestra opinión conmigo al acabar de leerlo mediante un comentario. O si no, siempre queda la opción de mandarme a la mierda.
Estoy segura de que toda persona que esté leyendo esta entrada sabe lo que es la masturbación. No sé como lo explica la RAE, pero resumiendo, es el acto de darse placer sexual uno mismo (o algo así).
Como bien sabréis todos, este 'acto' ha creado mucha polémica a lo largo de la historia. No, esta vez no hablamos de que esté mal visto que los hombres lo hagan mediante la reproducción de vídeos porno, etc. Esta vez hablaré de uno de los mayores tabúes: y es que las mujeres sí se masturban.
¿Recordáis aquella época en la que estaba mal visto que las mujeres mostrase deseo sexual? Bien, pues aún hay culturas en las que la masturbación la ven como un pescado. ¿Será por eso que las mujeres en general no hablan de ello? O, ¿es por el hecho de que las mujeres siempre han tenido que “mantener el tipo” y no podían hablar de ese tema?
La verdad es que hasta hace no mucho, y quizá aún ahora, hay gente que pensaba que las mujeres no se masturban. Incluso hay mujeres que piensan que ellas no pueden o no deberían.
Hace unos pocos años, una amiga me preguntó cómo se masturbaba una chica. Más que la pregunta, me asombró el hecho de que no lo supiera, de que no conociese su cuerpo de esa manera.
El masturbarse no es solo darse placer a uno mismo porque no tiene otra persona que se lo dé en el momento. El hacerlo es también una herramienta para que cada uno conozca su cuerpo, para experimentar y saber qué es lo que le excita, lo que le gusta, lo que le hace llegar al máximo.
Es un tema tan estandarizado en los hombres, y tan poco conocido de las mujeres, que es visto como un método de desahogo para estos. Sin embargo, en las mujeres es visto como algo extraño.
No sé si os habrá pasado alguna vez, el estar hablando entre chicos y chicas y que alguna "confiese que se masturba". Yo he sido testigo de la cara de ellos al oírlo, algunas con admiración -e incluso morbo diría yo- y otros con cara de estar cagando. Pero además, vi cómo algunas de las chicas ponían una expresión de extrañeza o incluso apuro. Parecían asombradas, como si una de ellas hubiera contado el mayor secreto del mundo, un secreto que ellas aún querían mantener en la oscuridad de su intimidad.
Yo soy partidaria de que el sexo es un tema del que se debería hablar libremente, como bien sabréis si habéis leído algo más de este blog. Es por ello que yo no me asombro porque la gente hable, a mi lo que me deja plasmada es el hecho de que la gente lo trate como un tema tabú, de que haya a gente a la que le dé vergüenza incluso estar en presencia de otros que hablan libremente y que cuentan sus experiencias como quien cuenta lo que ha comido en el día.
Espero que con el tiempo, con los cambios sociales que se avecinen, este hecho pueda cambiar por fin. Que todos podamos hablar de ello sin miedo, sin vergüenza, sin tabúes. Espero que las mujeres puedan gritar que se masturban como cualquier otro ser humano,y que los hombres puedan hablar de lo que les gusta en el sexo sin ser juzgados. Que ambos sexos puedan expresarse libremente en todo momento, como si hablásemos de las gominolas que nos volvían locos de pequeños.
La verdad es que hasta hace no mucho, y quizá aún ahora, hay gente que pensaba que las mujeres no se masturban. Incluso hay mujeres que piensan que ellas no pueden o no deberían.
Hace unos pocos años, una amiga me preguntó cómo se masturbaba una chica. Más que la pregunta, me asombró el hecho de que no lo supiera, de que no conociese su cuerpo de esa manera.
El masturbarse no es solo darse placer a uno mismo porque no tiene otra persona que se lo dé en el momento. El hacerlo es también una herramienta para que cada uno conozca su cuerpo, para experimentar y saber qué es lo que le excita, lo que le gusta, lo que le hace llegar al máximo.
Es un tema tan estandarizado en los hombres, y tan poco conocido de las mujeres, que es visto como un método de desahogo para estos. Sin embargo, en las mujeres es visto como algo extraño.
No sé si os habrá pasado alguna vez, el estar hablando entre chicos y chicas y que alguna "confiese que se masturba". Yo he sido testigo de la cara de ellos al oírlo, algunas con admiración -e incluso morbo diría yo- y otros con cara de estar cagando. Pero además, vi cómo algunas de las chicas ponían una expresión de extrañeza o incluso apuro. Parecían asombradas, como si una de ellas hubiera contado el mayor secreto del mundo, un secreto que ellas aún querían mantener en la oscuridad de su intimidad.
Yo soy partidaria de que el sexo es un tema del que se debería hablar libremente, como bien sabréis si habéis leído algo más de este blog. Es por ello que yo no me asombro porque la gente hable, a mi lo que me deja plasmada es el hecho de que la gente lo trate como un tema tabú, de que haya a gente a la que le dé vergüenza incluso estar en presencia de otros que hablan libremente y que cuentan sus experiencias como quien cuenta lo que ha comido en el día.
Espero que con el tiempo, con los cambios sociales que se avecinen, este hecho pueda cambiar por fin. Que todos podamos hablar de ello sin miedo, sin vergüenza, sin tabúes. Espero que las mujeres puedan gritar que se masturban como cualquier otro ser humano,y que los hombres puedan hablar de lo que les gusta en el sexo sin ser juzgados. Que ambos sexos puedan expresarse libremente en todo momento, como si hablásemos de las gominolas que nos volvían locos de pequeños.
He comenzado esta entrada hablando de cómo el masturbarse es considerado un pecado; sin embargo, yo diría que el mayor pecado es obligarse uno mismo a no ser feliz y hace lo que le apetezca.
viernes, 29 de noviembre de 2019
El rol del género implantado
Pensad en una postura sexual, ¿cuál es la primera que te viene a la cabeza? ¿Es el hombre el dominante en ella? La verdad, no me extrañaría.
Que el hombre sea el dominante en las relaciones sexuales es lo que siempre nos han mostrado en nuestra sociedad. Ejemplos muy claros son la mayoría de películas que tienen una escena sexual en ellas; el porno; o incluso los best sellers de las tiendas.
Respecto a ello ha habido muchas críticas, la mayoría mencionando también el hecho de que la mujer siempre es la que muestra la mayor parte de su cuerpo, mientras que el hombre apenas muestra algo. No es necesario decir que las quejas no tratan de querer ver más del hombre, si no de la igualdad de condiciones de los actores y actrices involucrados.
Es cierto que el espectador no es quien decide, pero su opinión es la que importa ya que el mismo es el consumidor. Sin embargo, las críticas al respecto no siempre piensan en la opinión de quien actúa. Quizás a ellos no les parezca tan raro o no les importe quien muestra más. Aunque estamos alejándonos del tema...
Es cierto que el espectador no es quien decide, pero su opinión es la que importa ya que el mismo es el consumidor. Sin embargo, las críticas al respecto no siempre piensan en la opinión de quien actúa. Quizás a ellos no les parezca tan raro o no les importe quien muestra más. Aunque estamos alejándonos del tema...
Pondré un ejemplo: 50 sombras de Grey. La mayoría habréis visto las películas, y si no las habéis visto sabéis de qué tratan. Pero, ¿cuántos habéis leído los libros? Seguramente menos de la mitad. Sin embargo, muchos habréis criticado el comportamiento -“machista” lo calificarán algunos- que tiene el protagonista (Christian) con la protagonista (Anastasia).
Podría decirse que es un tema delicado, pero yo lo veo muy simple. La película consta de una relación sexual dominante por parte del hombre, al cual le gusta que la mujer sea su sumisa durante el sexo. Para ello, utiliza varios recursos, algunos los nombra como “castigos”. Gracias a ellos controla sus emociones, gracias a esa dominación que tiene sobre ella. Estos los ejerce mediante varias "herramientas", que también usa para dar placer; pero que la mayoría de los espectadores no sabrán ni que pueden usarse para ello.
Muchos opinan, como ya he dicho, que es una conducta machista. Yo no creo que tenga nada que ver con ello; además, hay mujeres que les gusta ser dominadas, dejarse llevar por el control que ejercen sobre ellas. ¿De dónde vienen esos gustos o deseos? La verdad es que no lo sé, quizá se lo pregunte a mi psicóloga.
A donde yo quiero llegar, es que también sucede al revés. Hay mujeres dominantes y hombres que son dominados. Porque sí, a ellos también les puede gustar esa sensación de dejarse llevar. ¿Está eso igual de mal visto? Ya respondo yo, no. La razón es que esas situaciones apenas se muestran. En las películas suelen aparecer solamente en escenas cómicas; en el porno, no sabría deciros; y en la lectura apenas se encuentran algunos relatos.
El problema viene de la imagen implantada que tenemos del género dominante en la cama. Al crecer en una sociedad en la que la masculinidad tiene tanta importancia, los hombres no pueden ser vistos como objeto sexual sumiso.
Mi opinión es, que al igual que estamos luchando por la igualdad en el ámbito social, también podemos luchar por la aceptación de los roles de género sexuales. Que a un hombre sumiso no se le vea como un chiste fácil y que a una mujer dominante no se la vea como alguien poco femenina o bruta. Y lo más importante para ello, es poder mostrarlo, no esconderse y hablar de ello sin avergonzarse.
Tampoco hablo de gritarlo a los cuatro vientos, aunque quien quiera puede probar a liberar la carga de ese modo.
Posdata: No debemos dejarnos guiar por lo que la sociedad tenga como norma general. Cada uno debe sentirse libre y a gusto consigo mismo, tal y como dicta nuestra querida constitución. Y no por ello debe ser criticado.
jueves, 28 de noviembre de 2019
Papá, Mamá. Me gusta el sexo.
A todos nos ha pasado alguna vez que estando en el salón de casa viendo la televisión, de repente, ha aparecido una escena de sexo y nos hemos puesto a mirar a otro lado. Quizá avergonzados porque nuestros padres estaban delante. Quizá porque, aunque sea lo más natural de la vida humana, nosotros simplemente lo vemos como un acto del que no queremos saber nada si involucra a nuestros padres, y viceversa. Quizá algunos, hasta piensen por un segundo, que sus padres no son conscientes de que mantienen relaciones sexuales, y crean que si no miran la pantalla nunca se enteraran.
No sabría decir de donde viene el tabú de hablar de ello con nuestros padres, a mi también me pasó de pequeña, cuando comencé a saber de qué trataba. Sin embargo, como bien dije en otro post, he tenido la suerte de poder hablar de ello con mi madre.
Aunque bien recuerdo un día, en el que fui con mi padre, mi hermano y mi hermana pequeña al cine y entramos a ver una película para todos los públicos. No os imagináis la cara que puso mi padre al ver que la primera escena se trataba de sexo. He de recalcar que yo tendría unos 8 años y no sabía por qué al de 10 minutos de comenzar la película nos salimos de la sala. Mi padre discutió con el taquillero sobre la responsabilidad que debía tener de advertir a los compradores, viendo que estos llevaban a niños a ver la película.
Si nos paramos a pensarlo, su reacción no fue mala, pero sí quizá algo exagerada. El hecho es que nuestros padres no saben cómo hablarnos del tema, al menos no la mayoría, y ante situaciones como esa prefieren evadir el tema a enfrentarse a dar explicaciones.
La revista Haurdanik, una revista vasca que habla de cómo tratar sexualidad en niños y adolescentes, menciona que ante todo debe ser un tema en el que no haya restricción alguna. Es decir, un tema del que se hable libremente en presencia de los niños, siempre y cuando se tenga cuidado con las palabras que se usen para expresarse. Podemos hablarles del tema si, pero con moderación, ya que suelen adoptar las conductas que ven en los adultos.
El diario ABC hizo un estudio sobre el tema, el cual decía “Existe la necesidad de un diálogo entre padres y niños sobre sexualidad, gradual y adaptado a las edades de los pequeños, libre de tabúes y que les aporte seguridad en sí mismos”. En el estudio reúnen a un grupo de padres para que les cuenten sus experiencias. La verdad es que es bastante interesante y podéis echarle un vistazo.
En resumen, no debemos evitar el tema solo porque a nosotros nos dé “vergüenza” hablar de él, los niños necesitan información sobre las cosas que les rodean o lo que van experimentando; y cuanto más informados mejor. Además deberían tener la seguridad de poder preguntar cualquier duda que tengan, al igual que preguntan sobre el tiempo, que puedan preguntar sobre sexo. Porque al mostrar vergüenza o evadir el tema los adultos, los niños terminan por hacer lo mismo y entramos en un círculo vicioso: ellos solo pueden saber del tema experimentando sin ser conscientes, y los padres estarán preocupados preguntándose si sabrán lo que deben o no hacer.
lunes, 25 de noviembre de 2019
Si fuera millennial...
La mayoría de adolescentes tiene problemas para hablar de sexo con sus padres; e incluso los que ya no son tan adolescentes.
Yo, sin embargo, he tenido la suerte de poder hablar siempre de ello con mi madre. Supongo que los que han tenido esa misma suerte sabrán de lo que hablo a continuación.
No es ningún secreto que nuestros padres también han mantenido relaciones sexuales y por ende experiencias que seguramente no se alejen mucho de las nuestras propias.
Este mismo verano, una tarde en la que mi madre estaba tomando un café con una amiga de la infancia, me senté con ellas a charlar. Esta última me introdujo en la conversación preguntándome cómo eran las relaciones sexuales hoy en día.
Ni siquiera me dejó responder cuando dijo arrepentirse de no haber disfrutad de su juventud. Hizo referencia a no haber estado más que con su marido, a que solamente "lo había probado" a él. Añadió que le gustaría haber podido experimentar saber lo que otros hombres le hubieran podido ofrecer en la cama. Y acabó con un "ojalá hubiéramos podido tener la libertad de hoy en día y poder hacer todo eso. Todo es gracias al internet, que ahí aparece de todo".
No fue ese último comentario lo que me sorprendió, fue la respuesta de mi madre al respecto: "Claro que pudimos, no había nadie que lo impidiera, solo que no podíamos hablar de ello".
No creo que mucha gente piense en el cambio social que ha habido respecto a la aceptación sexual. La mayoría piensa en la meta que se quiere lograr, que sea totalmente normal. Otros ni siquiera piensan en ello. Pero, ¿cuántos realmente se ponen a comparar la situación de hace 40 años a hoy en día? No muchos.
Yo, como bien he dicho, tengo la suerte de haber tenido una madre que es abierta de mente en ese aspecto, que nunca he tenido problemas para hablar conmigo de sexo, y que jamás ha hecho falta que me diga esa frase de "usa condón". ¿Por qué? Porque aunque se piense que con eso está todo hablado, ni de lejos se acerca.
El hecho es que yo sé que en el fondo, las cosas que se hacían y se hacen sexualmente no han cambiado. Siempre ha habido gente homosexual, bisexual, que se siente parte del género opuesto, gente que no experimenta atracción sexual, etc.
Desde que el deseo surgió, al mismo tiempo que el ser humano se compuso, hubo todo tipo de experiencias sexuales. No somos pioneros de nada, siempre ha habido alguien que lo ha vivido antes. Sin embargo, lo que si ha cambiado a lo largo de los años, es el hecho de darlo a conocer, de hablar de ello y que se normalice. Un ejemplo de ello es Federico García Lorca.
Es por ello que cuanto más hablemos de ello -de manera natural- más se normalizará; y, sinceramente digo, que más se podrá aprender sobre el tema.
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¿Por qué polvo?
Es algo que no comprendo. ¿Por qué a la gente le cuesta tanto hablar de sexo? O, ¿por qué razón piensan que si alguien habla libremente de ...